FABULA: El Leñador y el Bosque
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Un leñador, talando árboles del bosque, no daba descanso a sus brazos. De
su empeño no escapaban abetos ni encinas, hasta que se rompió el mango de su
hacha.
— ¡Oh, Dios, por fin habrá paz y tranquilidad en mi mundo! —exclamó el
bosque.
Transcurridos los días, el leñador, humildemente, rogó al bosque:
—Déjame tomar una rama de este abeto para mango de mi hacha, y te prometo
irme a otro bosque.
La arboleda, conmovida por el ruego, accedió al pedido, pero tan pronto el
leñador tuvo lista su hacha, comenzó a destrozar a sus bienhechores.
— ¿Es así como agradeces el bien que te hice? —Dolorido el bosque—. Has
cambiado el favor en instrumento de exterminio.
OPINION
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En esta fábula podemos ver como no siempre cuando somos piadosos
las otras personas cambian de un momento a otro y que la gente solo actúa por
voluntad propia ya que después de que el bosque lo había ayudado al leñador este
empezó de nuevo a talar incumpliendo su promesa.
El hijo ingrato
Hermanos Grimm
___________________________________Un día estaba un hombre sentado con su mujer a la puerta de su casa, y se
hallaban comiendo con mucho gusto un pollo, el primero que les habían dado
aquel año las gallinas. El hombre vio venir a lo lejos a su anciano padre y se
apresuró a ocultar el plato para no tener que darle, de modo que el visitante
sólo bebió un trago y se volvió en seguida.
En aquel momento fue el hijo a buscar el plato para ponerlo en la mesa, pero el pollo asado se había convertido en un sapo muy grande que saltó a su rostro, al que se adhirió para siempre. Cuando intentaban quitarlo de allí, el horrible monstruo lanzaba a las gentes miradas venenosas como si fuera a tirarse a ellas, así es que nadie se atrevía a acercarse. El hijo ingrato quedó condenado a sustentar al sapo, pues si no le devoraba la cabeza. Así pasó el resto de sus días vagando miserablemente por la tierra.
En aquel momento fue el hijo a buscar el plato para ponerlo en la mesa, pero el pollo asado se había convertido en un sapo muy grande que saltó a su rostro, al que se adhirió para siempre. Cuando intentaban quitarlo de allí, el horrible monstruo lanzaba a las gentes miradas venenosas como si fuera a tirarse a ellas, así es que nadie se atrevía a acercarse. El hijo ingrato quedó condenado a sustentar al sapo, pues si no le devoraba la cabeza. Así pasó el resto de sus días vagando miserablemente por la tierra.
Opinión
___________________________________ser ingrato y egoísta aunque son casi lo mismo no lo son,
ademas de ser muy mala combinacion es una falta de respeto ejercerla, puede
separar a muchas personas de tu lado hasta el extremo de quedar solo.